Homilía sep. 19 / 2010

EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA,
PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
El domingo 19 de septiembre de 2010

 

El Evangelio de hoy, que acabamos de escuchar como tercera lectura, nos presenta nuevamente un texto difícil pero importante para entender la actitud de Jesús frente a los bienes materiales, frente al dinero.

Ya son varios domingos en que el Señor nos habla de que los bienes materiales son necesarios para nuestro bienestar y para el bienestar de nuestras familias, pero también nos habla de los bienes espirituales y de que aquéllos no nos deben impedir aspirar a los éstos.

Nos dice en primer lugar que debemos tener una gran fe y confianza en Dios, del Señor nos viene todo don y toda bendición, toda gracia. En segundo lugar nos dice que debemos administrar rectamente esos bienes materiales, muchos o pocos, que el señor nos haya dado y que sean para el bienestar de la familia. Y en tercer lugar el saber compartir de esos bienes materiales con nuestros hermanos más necesitados.

Por eso Jesús cuenta la historia de un administrador que malgastó los bienes de su patrón y que es llamado a rendir cuentas, esto, por supuesto, trae preocupación y angustia a aquel infiel administrador y se pregunta ¿qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna, para salir del apuro se le ocurre mandar a llamar a los deudores de su amo, para entregarle sus recibos, para reducirles su importe y así ganarse las comisiones. Según las costumbres de la época de Jesús, cuando un administrador reducía el importe de un recibo también disminuía su propia comisión, por esta razón el dueño alaba al administrador injusto ya que ha sabido aprovechar el plazo de tiempo que le quedaba distribuyendo generosamente el dinero que administra.

Jesús, en esta historia que nos cuenta, en esta parábola, elogia la habilidad con que procedió el administrador y, que haya usado esta habilidad para causas inapropiadas, no quita el ingenio del que hizo gala; pero Jesús invita a sus discípulos a aprender, aprender de los que pertenecen a este mundo, tan astutos y hábiles,  para anunciar el evangelio. Ésa es la enseñanza que le da Jesús a sus discípulos.

Por otro lado, no hay la menor duda del rechazo de Lucas por la riqueza injusta y sus consecuencias para que no quede duda, el pasaje termina planteando una alternativa radical: no hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y desobedecerá al segundo, en resumen dice la parábola: No pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Jesús también aquí le da una enseñanza a sus discípulos, se trata de hurgar decididamente y hacer como dice san Pablo: lo que es bueno y agradable a Dios, que reconozcamos que no hay más que un solo Dios y un solo mediador, Cristo Jesús que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y eso lo escuchamos también en las lecturas que acabamos de proclamar. Ése es el plan magnífico de Dios, ése es el deseo del Señor: que todos nos salvemos y que todos lleguemos al conocimiento de la verdad y para este fin envía a su hijo Jesús Cristo y para eso Jesús Cristo realiza su obra de salvación, su obra de redención, la misma del padre.

No hacerlo es pisotear a nuestros hermanos más pobres, caer en aquello que denuncia el profeta Amós, disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las balanzas, obligan a los pobres a venderse por un par de sandalias y los compran y hasta venden el salvado como trigo.

Y san Pablo, en la segunda lectura que escuchamos, nos invita a la oración, la oración que desde la época de Jesús fue importantísima, Jesús acompañó los momentos más importantes de su vida con oración, cuando eligió a sus discípulos, cuando los enseño a orar, Jesús es modelo de oración, pero también es maestro de oración.

Dice san Pablo: hagan oraciones, plegarias, suplicas y acciones de gracia por todos los hombres y, en particular, por los jefes de estado y demás autoridades, para que todos podamos llevar una vida tranquila y en paz, aquí el apóstol nos invita a acompañar nuestros momentos más importantes con momentos de oración, los momentos más importantes de nuestra vida diaria, nuestra vida personal y nuestra vida familiar con momentos de oración, pero que sean alabanza, bendición, glorificación del nombre de Dios, acción de gracias y también ¿por qué no? bendición, el Padre nuestro es el mejor modelo de oración cristiana y el Padre nuestro incluye todos estos elementos.

“Padre nuestro, que estás en el cielo,  santificado sea tu nombre;  venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Y después viene una serie de peticiones: “danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. Aquí tenemos un modelo de oración cristiana. La misma que Jesús enseñó a sus discípulos y esa es la invitación que hoy nos hace el Señor por medio del apóstol san Pablo.

Les ruego, hermanos, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; pues es ésta la enseñanza, queridos hermanos, que en este domingo nos da la Palabra de Dios. Vamos a pedirle en nuestra celebración eucarística dominical que nos conceda a todos a descubrirlo y amarlo en nuestros hermanos para que podamos alcanzar la vida que nos ha prometido, la vida eterna. Con estos sentimientos, vamos a seguir participando en nuestra Misa de hoy.