Excmo. Sr. Don Domingo Pantaleón Albarez (1743-1763)

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Excmo. Sr. Don Domingo Pantaleón Albarez

El décimo octavo obispo de la antigua “Diócesis Carolense” o de Puebla de los Angeles, fue natural de Santa Cruz de Tenerife de la Isla de Palma, en las Canarias, donde nació el 27 de julio del año de 1683.

Estudió en las universidades de Valladolid y Alcalá y recibió el grado de doctor en cánones en la de Avila.

Ordenado sacerdote el 20 de junio de 1708, cantó su primera misa el 24 del citado mes; años más tarde, en atención a sus relevantes méritos, fue nombrado canónigo y arcediano de la S. Iglesia Catedral de Canarias, desempeñando, después, los cargos de juez de la “Santa Cruzada”, tres veces visitador del obispado, juez examinador y abogado fiscal de la cámara apostólica.

Desempeñando estos importantes cargos y siendo dignidad arcediano de la S. Igesia Catedral de Canarias, fue presentado por el Rey: Felipe V de España a la Santa Sede Apostólica para ocupar la Sede Arquiepiscopal de Santo Domingo, “primada de las indias” (capital de la actual república dominicana), a fines de 1737, a la que gobernó con singular acierto por espacio de 5 años de 1738 a 1743.

Recibió la ordenacón episcopal en la iglesia de la Palma de Tenerife, e 17 de agosto de 1738, de manos del Excelentísimo Pedro Manuel Dávila Cardenas.

El rey Felipe V de España, mediante su “cédula real”, firmada en el palacio de Pardo el 15 de febrero de 1743, lo presentó a la Santa Sede Apostólica para el obispado de Tlaxcala - Puebla, que se encontraba vacante y S.S. Benedicto XIV (1740 – 1758), con fecha : 20 de mayo de 1743, con su autoridad apostólica, lo promovió a la mencionada Sede Angelopolitana.

Aunque el Excelentísimo Sr. Alvarez de Abreu, que había aceptado su designación, después de presar el juramento prescrito, como obispo electo de Puebla, en su palacio Arzobispal de Santo Domingo, el 21 de junio de 1743, hizo su entrada solemne a la ciudad de Puebla, el 14 de agosto de 1743, con la consiguiente recepción oficial, en concurrida ceremonia, verificada en la S. Iglesia Catedral, el 19 del mes de agosto, no tomó posesión canónica de su nueva diócesis sino hasta el 19 de mayo del siguiente año de 1744, por poder otorgado al Excelentísimo Sr. Dean y obispo electo de Oaxaca: Dr. Diego Felipe Gómez de Angulo, al Sr. Arcediano y Dean electo: Licenciado Francisco Javier de Vazconcelos, Marqués de Montserrat y Vizconde de Manzanilla y al Sr. Chantre y Arcediano electo: Dr. Francisco Marcos Manrique.

Entre las múltiples obras realizadas y los importantes acontecimientos acaecidos durante el gobierno de este egregio prelado angelopolitano, a quien S.S. Benedicto XIV, sabiendo aquilatar sus relevantes méritos, lo nombró “prelado doméstico” y asistente al Sacro Solio Pontificio”, baste consignar, en obsequia a la brevedad de este “episcopologio”, los siguiente:

Ferviente devoto de la Santísima Virgen María, en la consoladora advocación de Nuestra Señora de Ocotlán, desde el comienzo de su episcopado, con fecha: 9 de noviembre de 1746, obtuvo del sumo pontífice: Benedicto XIV, la solicitada gracia de que el entonces Santuario de Nuestra Señora de Ocotlán, extra-muros de la ciudad de Tlaxcala, que desde el año de 1670, ya contaba con capellán propio, fuera “agregado” a la sacrosanta y patriarcal Basílica Liberiana o de Santa María la Mayor de la ciudad de Roma, con todas las indulgencias y gracias de ese máximo Templo Mariano.

Con fecha 4 de octubre de 1748, el mismo sumo pontífice, a instancias de Su Excelencia concedió benignamente , “ad perpetuum”, a la S. Iglesia Catedral de Puebla las mismas gracias e indulgencias de la Basílica de San Juan de Letrán, Madre de todas las iglesias del orbe católico.

Deseando consolidar en todo su obispado el culto y la devoción hacía la Santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Ocotlán, de la que fue acendrado devoto, el 6 de abril de 1755, en el templo parroquial de Tlaxcala, ante la taumaturga imagen de Nuestra Señora de Ocotlán, con asistencia del venerable cabildo de Puebla, de varias autoridades civiles de Puebla y de Tlaxcala, de innumerables representantes del clero regular y secular del obispado y de millares de fieles, verificó, de manera solemne, la “jura del patronato” de la Santísima Virgen de Ocotlán sobre la provincia del entonces obispado de Tlaxcala, hoy arquidiócesis de Puebla de los Anfeles; años más tarde, S.S. Clemente XIII (1758 – 1769), con fecha el 2 de enero de 1764 (2 meses escasos después de la muerte de este prelado), aprobó y confirmó el “patronato” y concedió la fiesta litúrgica de mismo para un domingo del mes de julio de cada año.

El 24 de junio de 1758, el anciano prelado angelopolitano, a causa de su avanzada edad y de sus múltiples enfermedades, celebró de manera sencilla, en la S. Iglesia Catedral, con gran concurso de clero y de fieles, sus “bodas de oro sacerdotales”.

Con motivo de la terrible peste de “viruelas” que, en el año de 1762 se desarrolló y causó grandes estragos en la ciudad de Puebla, el caritativo prelado dictó prudentes y oportunas providencias para auxiliar material y espiritualmente a los enfermos, en especial a los más necesitados y pobres, ordenando al mismo tiempo, se hiiera un piadoso y solemne Nonario a Nuestra Señora de Guadalupe, implorando el término de tan terrible epidemia.

De carácter emprendedor este egregio prelado edificó templos y escuelas y consumó el proyecto de su ilustre y venerable predecesor, el excelentísimo Beato Juan de Palafox y Mendoza, relativo a dejar en manos del clero diocesano los curatos y parroquias que, hasta entonces, habían estado en poder de diversas ordenes religiosas, por motivo de organización; sus biógrafos asientan que en el año de 1751 vinieron de España ordenes terminantes en el sentido de que las doctrinas, lugares donde se instruía a los indígenas en la religión cristiana, fuesen quitadas a los franciscanos, somincos u agustinos; con auxilio de la justicia real, quitó 35 curatos del obispado a estos religiosos, poniendo en su lugar clérigos diocesanos.

Hombre ilustrado y de amplia visión, engrandeció los colegios de san Pedro y de San Juan, edificando el colegio de San Pantaleón, anexo a los mismo y agregándolo al “seminario tridentino palafoxiano”; hermoso edificio con grandes patios y amplias aulas, donde se daban cátedras de grmática, de latín, de filosofía, de teología y estudio de las leyes civiles (actualmente en este edificio se encuentran las oficinas del “palacio de justicia”).

Este ilustre prelado cnsagró solemnemente el templo de Santa Rosa el 14 de julio de 1748, al que ornó con munificencia, de su propio peculio, y el tempo de la soledad (actual sede de la parroquia del sagrario metropolitano), el 9 de marzo de 1749.

En 1761, se halló este prelado cerca de la muerte, enfermo de cálculos e implorando el auxilio e intercesión de su santo Predecesor, el Venerable Beato Juan de Palafox y Mendoza, logró instantáneamente aliviarse y en pocos días su completo alivio; en señal de gratitud, donó 20, 000 pesos para la causa ya iniciada de su beatificación y canonización. Durante los 20 años de su episcopado mucho progresaron las gestiones encaminadas a obtener de la Santa Sede Apostólica la anhelada glorificación del Excelentísimo Beato Juan de Palafox y Mendoza.

Este venerable prelado angelopolitano, durante su largo episcopado de 20 años, tuvo sucesivamente dos obispos auxiliares:

El primero, el Excelentísimo Doctor Juan Francisco Leyza o Loaiza, obispo de titular de Geren, nacido en Pamplona, Espala, en 1701. Presbitero en el templo de la madre de la Madre de Dios en Madrid; doctor en Sagrada Teología y miembro del claustro de la universidad de Alcalá y opositor a sus cátedras.

El excelentísimo Sr. Pedro Gozález García al aceptar el obispado de Puebla, que nunca gobernó, solicitó un obispo auxiliar para poder atender eficientemente las necesidades espirituales de la extensa Diócesis Angelopolitana y el Rey Felipe V de España, mediante su “cédula real”, firmada en Aranjuez, el 28 de febrero de 1739, presentó para dicho cargo al mencionado Sr. Leyza falleció en la ciudad de Puebla; desconociéndose, por desgracia, no obstante diligentes investigaciones, el lugar preciso en que se encuentra sepultado, probablemente en la S. Iglesia Catedral de Puebla, aunque no se ha encontrado documento alguno que confirme esta opinión.

El segundo obispo auxiliar, el Excelentísimo Dr. Miguel Anselmo Alvarez de Abreu y Valdez, obispo titular de CISAMO, natural de La Laguna de Tenerife de la Isla de Palma, en las islas Canarias en 1711.

No se tienen datos sobre el colegio, seminario o universidad donde cursó sus estudios eclesiásticos ,únicamente consta que fue Canónigo de la S. Iglesia Catedral de Canarias, Juez del tribunal de la “Santa Cruzada” en aquella isla, visitador general de su diócesis y sub-colector apostólico en la misma.