Excmo. Sr. Dr. Don Pedro Vera y Zuria (1924-1945)

Excmo. Sr. Don Pedro Vera y ZuriaEl Trigésimo Cuarto Sucesor de Fray Julián Garcés y Tercer Arzobispo de Puebla de los Ángeles, fue originario de la ciudad de Querétaro, Qro., donde nació el 14 de enero de 1874, siendo sus padres dos ejemplares y virtuosos cristianos de buena posición social, quienes, desde un principio, inculcaron a su ilustre vástago el santo temor de Dios y las buenas costumbres.

En el año de 1884, a la edad de 10 años, ingresó en el “Seminario Conciliar” de su ciudad natal, donde demostró y desarrolló la educación cristiana en la que fue iniciado desde su infancia, por sus cristianos padres; muy aplicado al estudio, descolló siempre entre sus condiscípulos, habiendo sostenido Oposición Pública en los exámenes finales de: Primero de Latín, Primero y Segundo de Filosofía, Segundo, Tercero y Cuarto de Sagrada Teología Escolástica, de Griego y Primero y Segundo de Canto Gregoriano y obtuvo los mejores premios, distinguiéndose, el mismo tiempo por su ejemplar conducta y su edificante piedad.

En el año de 1893, siendo Clérigo de Menores, explicó sin retribución alguna, el segundo curso de latín en el “Liceo Católico” de Querétaro; como insigne bienhechor de este Plantel, cooperó a la formación de su biblioteca, obsequiándole varias obras de literatura y de Derecho, así como la instalación de su Observatorio Meteorológico.

El 27 de diciembre de 1897, en la Capilla de “Teresitas”, anexa al Seminario Conciliar de Querétaro, recibió la Unción Sacerdotal de manos de su Prelado, el Ilmo. Sr. Don Rafael Sabás Camacho García, celebrando su Primera Misa Solemne, el 1 de Enero de 1898, en el célebre Santuario de Nuestra Señores del Pueblito, cercano a la ciudad de Querétaro, de quien fue acendrado y fiel devoto.

Pocos días después, en unión del Sr. Arcediano de la S. Iglesia Catedral de Querétaro y entonces Rector del Seminario Diocesano, Don Florencio Rosas, persona muy querida y venerada por el P. Vera y Zuria, emprendió una piadosa Peregrinación a Roma y a Tierra Santa, habiendo contraído durante el viaje, una gravísima enfermedad; habiendo retornado a la Patria a causa de dicha enfermedad, muy a su pesar, no pudo aceptar ocupación o cargo alguno, ya que según el pronóstico de los médicos, su muerte estaba próxima; algo mejorado, meses después, aceptó el cargo de Capellán de la “Congregación de Ntra. Sra. de Guadalupe” en la misma ciudad de Querétaro, pero su falta de salud, bastante quebrantada, lo obligó a renunciar antes de los 6 meses.

Habiendo obtenido la casi milagrosa curación de su ya prolongada y grave enfermedad, por mediación de su Celestial Protectora y Amorosa Madre, la Sma. Virgen María, bajo la advocación de Ntra. Sra. del Pueblito en 1900 ya era quinto Capellán y Segundo Maestro de Ceremonias de la S. Iglesia Catedral de Querétaro; el 17 de febrero de 1904, fue nombrado Secretario de la Comisión Diocesana de Vigilancia sobre el cumplimiento de las recientes disposiciones de San Pio X, en su “Moto Proprio” sobre la Música Sacra.

El 24 de mayo de 1904, como Representante del Clero de Querétaro, asistió a la Erección Canónica de la I. y N. Basílica Guadalupana del Tepeyac, Mex.; en 1905 fue nombrado Director Espiritual de los alumnos del Seminario Diocesano de Querétaro; en 1907 fue nombrado Catedrático de Teología Pastoral y al tomar a su cargo, el 1 de septiembre de 1909 la dirección del mencionado Plantel, cesó en todos los Cargos que se le habían confiado, menos en el de Confesor ordinario de sus alumnos.

El 1 de septiembre de 1909, el Ilmo. Sr. Dr. Don Manuel Rivera Muñoz, IV Obispo de Querétaro, reconociendo los méritos y las singulares dotes intelectuales y morales del P. Vera y Zuria, lo nombró su Secretario de Cámara y Gobierno, Cargo que desempeñó con laudable acierto hasta el 8 de octubre de 1912; en ese mismo mes de septiembre de 1909, fue nombrado Miembro de la Mesa Directiva de la Venerable “Congregación de Clérigos Seculares” de la ciudad de Querétaro; en Abril de 1910, fue nombrado Director Diocesano de la “Liga Sacerdotal Eucarística”.

En abril del siguiente año de 1911, fue nombrado Superior del Orfanatorio y Colegio del “Verbo Encarnado” y Vicario de Monjas; el 31 de agosto de ese mismo año, fue nombrado Presidente de la Sección de Negocios Jurídicos en los trabajos emprendidos por el Ilmo. Sr. Rivera Muñoz pera edificar la nueva Iglesia Catedral de Querétaro.

El 11 de octubre de 1912, ingresó al Venerable Cabildo de Querétaro, tomando posesión de la Cuarta Canonjía del mismo.

A la muerte del Ilmo. Sr. Rivera Muñoz, el 2 de mayo de 1914, fue nombrado Secretario de Gobierno de la Diócesis, “Sede Vacante”, cargo que desempeñó con laudable prudencia y singular acierto, hasta el año de 1917, en que fue nombrado Pro—Vicario Capitular; 2 años entes, en 1915, había sido nombrado Prefecto de la “Congregación de Clérigos Seculares” de la Diócesis de Querétaro.

Como Pro-Vicario Capitular, en los aciagos días de la llamadas “Revolución Constitucionalista” el M. I. Sr. Vera y Zuria, dio claras muestras de sus dotes de gobierno, restableció las Conferencias Eclesiásticas, las "Peregrinaciones Diocesanas” al Tepeyac, la debida y prudente aplicación de las disposiciones del nuevo Código de Derecho Canónico, promulgado por S.S. Benedicto XV (1914-1922), en la Solemnidad de Pentecostés de 1917; reorganizó el Seminario Diocesano que, al igual que los demás Seminarios de 18 República, fue clausurado en 1914, asumiendo el Cargo de Rector del mismo y disponiendo, en breve tiempo, su Reglamento y Directorio.

Habiendo tomado posesión de la Diócesis Queretana, después de 5 años y 3 meses de “Sede Vacante”, el Ilmo. Sr. Dr. Don Francisco Banegas Galván, el 6 de agosto de 1919, confirmó al M. I. Sr. Vera y Zuria como Rector del Seminario Conciliar Diocesano, siendo nombrado, en ese mismo año, Director de la “Liga de Santidad Sacerdotal de la República Mexicana”, Presidente de la “Comisión Diocesana Organizadora” del memorable “PRIMER CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL MEXICANO”, celebrado hasta el mes de octubre de 1924, (cuando este Venerable Prebendado ya era Arzobispo de Puebla); igualmente fue nombrado Director Diocesano de la Asociación de “Hijas de María”.

Por encargo del mencionado Prelado, el M. I. Sr. Vera y Zuria recorrió, con infatigable y fervoroso entusiasmo, varias Parroquias de la Diócesis Queretana, con el fin de exhortar e los fieles para que se dispusieran a celebrar las solemnidades de la proyectada “Coronación Pontifical” de la venerada Imagen de Ntra. Sra. del Pueblito, en su Santuario de San Francisco Galileo, distante 2 leguas de la ciudad de Querétaro,  encargándole, al mismo tiempo, la redacción de las lecciones históricas del Oficio Propio de la Sma. Virgen María, bajo la mencionada Advocación.

A fines del mes de mayo de 1924, el M. I. Sr. Vicario General de Querétaro Lic. Don Manuel Reynoso, recibió un telegrama de la Delegación Apostólica en México, que decía así: “Santo Padre honró Diócesis, Cabildo y Clero de Querétaro: Arzobispo de Puebla Sr. Canónigo Vera. CRESPI”., esta noticia fue recibida con gozo porque el ilustre agraciado con tan honrosa designación recibía la merecida recompensa de sus grandes méritos y de sus esclarecidas virtudes, y a la vez, con gran pena, porque muy pronto los queretanos se verían privados de tan distinguido sacerdote que, por su intachable conducta, singular amabilidad y por su reconocido desprendimiento, supo captarse la veneración, la simpatía y el cariño de cuantos lo trataron y conocieron.

El esclarecido Pontífice: PIO XI, (1922—1939), de santo y feliz recordación, llamado con toda justicia, como el “Papa de las Misiones y de la Acción Católica” y el “Papa que más ha querido a México.”, con fecha: 27 de mayo de 1920, preconizó al M. I. Sr. Cango. Lic. Don Pedro Vera y Zuria, de la Diócesis de Querétaro, como Tercer Arzobispo de la Sede Metropolitana de Puebla de los Ángeles que, desde el 25 de marzo de 1923, se encontraba “Vacante”, por fallecimiento de su último Prelado: Mons. Sánchez y Paredes.

Habiendo renunciado, el 13 de Agosto de 1924, a los Cargos de Rector y de Profesor del Seminario Conciliar Diocesano de Querétaro, que al día siguiente entregó al Sr. Vicerrector del Plantel y habiendo llegado a la levítica y colonial Ciudad de Puebla de los Ángeles, después de un viaje verdaderamente triunfal, desde los límites de la Arquidiócesis, en el atardecer del memorable 23 de agosto de 1924, siendo objeto de una de las más entusiastas y concurridas “Recepciones” de que se tiene memoria y después de la “Recepción Litúrgica”, que en la Puerta Central de la S. Iglesia Basílica Catedral, le tributó el M. I. Sr. Dean y Vicario Capitular de la Arquidiócesis, Lic. Don Manuel Díaz Calderón, en unión de los Miembros del Venerable Cabildo Angelopolitano, a nombre del Clero y de los fieles del Arzobispado, el Excmo. Sr. Arzobispo Electo, que venía acompañado del entonces Encargado de la Delegación Apostólica en México: Mons. Tito Crespi, en la Sala Capitular de la S. I. Basílica Catedral, después de prestar el prescrito Juramento de fidelidad y de obediencia a le Santa Sede y una, vez presentados los Documentos Pontificios que lo constituían Arzobispo de Puebla, tomó posesión canónica, personalmente de la Arquidiócesis en la forma acostumbrada.

Al día siguiente, 24 de agosto, Fiesta del Apóstol San Bartolomé, en imponente Ceremonia Mons. Vera y Zuria fue solemnemente Consagrado en la S. Iglesia Basílica Catedral Angelopolitana, (el Sexto Prelado Angelopolitano Consagrado en el mencionado máximo Templo de la Arquidiócesis), por el Ilmo. Sr. Dr. Don Francisco Benegas Galván, V Obispo de Querétaro; oficiando como Obispos Consagrantes, los Ilmos. Sres.: Dr. Don Nicolás Corona y Corona, Obispo de Papantla, (con Sede, desde 1931, en la ciudad de Teziutlán, Pue.), y el entonces Obispo de Huajuapan de León: Mons. Luis María Altamirano y Bulnes, (después Obispo de Tulancingo y finalmente, Arzobispo de Morelia), ambos Obispos Sufragáneos de la Sede Metropolitana de Puebla.

Una de las primeras actividades Pastorales de este Prelado, después de tomar posesión de su Arquidiócesis, fue visitar el “Seminario Palafoxiano” a quien siempre consideró como a la “niña de sus ojos”, y al que dedicó sus más paternales cuidados, sus más abnegados esfuerzos y desvelos, preocupándose siempre por la selecta e íntegra formación espiritual, intelectual y moral de los futuros sacerdotes, sin olvidarse, por otra parte, del mejoramiento temporal y material de tan meritísimo Plantel que, durante su gobierno, sobre todo, durante el aciago y sangriento período: 1926 - 1930, tuvo que afrontar gravísimos y múltiples dificultades que llegaron a poner en peligro su funcionamiento.

Igualmente, se dedicó a visitar Colegios Católicos, Colonias Extranjeras y a algunos particulares de la Ciudad Arzobispal, habiendo dejado, como perenne recuerdo de estas breves visitas de cortesía, una grata impresión de su virtud, sabiduría y exquisito tacto social, sobre todo, de su cordial amabilidad.

Hasta el 12 de febrero de 1925, en ocasión de la piadosa y anual “Peregrinación Guadalupana” de la Arquidiócesis de Puebla a la I. N. Basílica del Tepeyac, el Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo Primado de México: Dr. Don José Mora y del Rio, en la mencionada Basílica Guadalupana, impuso solemnemente el Sacro Palio Arzobispal a Mons. Vera. y Zuria.

El lunes 15 de septiembre de 1924, verificó la solemne “Coronación Pontificia” de la venerada Imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, en el Templo Parroquial de la Villa de Acatzingo, Pue., celebrando, en esta memorable ocasión, su Primera Misa Pontifical después de su Consagración Episcopal. Es de hacer notar aquí que Mons. Vera y Zuria profesó una singular y filial devoción a Ntra. Sra. la Virgen María, bajo su Advocación de Ntra. Sra. de los Dolores que, desde 1609, (según lo refiere el mismo Mons. Vera y Zuria en su ameno e interesante Libro; “Cartas a mis Seminaristas”), se venera en su Santuario junto al Templo Parroquial de la mencionada Villa de Acatzingo, a la que visitaba con la mayor frecuencia que sus múltiples ocupaciones pastorales le permitían, pasando días enteros cerca de su venerada Imagen, depositando en el regazo maternal de tan Bondadosa Madre, sus penas, sinsabores y grandes fatigas apostólicas y hallando, después de estas confidencias, consuelo y alivio...

Al igual que casi la totalidad de los Miembros del Venerable Episcopado Nacional, asistió al grandioso e inolvidable “Primer Congreso Eucarístico Nacional México” celebrado del 4 al 12 de octubre de 1924, en la ciudad de México.

El 22 de octubre de 1924, con infatigable celo pastoral, comenzó a practicar la “Santa Visita Pastoral” a través de su dilatada Arquidiócesis, iniciándola en la Parroquia de Acajete, Pue., que tuvo la fortuna de recibir las primicias apostólicas de su abnegado y santo Prelado que, en medio de grandes fatigas, soportando con ejemplar paciencia, largas y penosas jornadas por intransitables caminos, las inclemencias de los diversos climas y todas las demás dificultades y vicisitudes inherentes a este ardua labor Pastoral, continuo durante el resto de ese año y el siguiente de 1925 y parte del año de 1926, dejando en todas partes gratos recuerdos; para perpetuar sus impresiones de esta Primera “Visita Pastoral” a su Arquidiócesis, Mons. Vera y Zuria escribió, con la sabiduría y amenidad que le eran peculiares, las célebres “CARTAS A MIS SEMINARISTAS”, (a los Alumnos del “Seminario Palafoxiano” de Puebla y a los del “Seminario Diocesano” de Querétaro), que años más tarde se imprimieron, formando un solo volumen, que constituye una serie de importantes datos históricos sobre casi la totalidad de las Parroquias de la entonces Arquidiócesis Angelopolitana, ya que en ellas describe, con singular erudición, el origen etimológico del nombre de las Parroquias y de muchos de sus pueblos filiales, sus principales acontecimientos históricos, sus costumbres, tradiciones, artes, etc., así como una sucinta reseña de los diversos actos realizados durante la “Visita Pastoral” todo esto expuesto con singular amenidad.

Con singular esplendor, el 7 de octubre de 1925, conmemorase, en la S. Iglesia Basílica Catedral, con una solemne Misa Pontifical, el “CUARTO CENTENARIO” de la Promulgación de la "Bula de Erección": “Devotionis Tuae Probata Sinceritas”, ("La Reconqcida Sinceridad De Tu Adhesion Incondicional”), de S.S. Clemente VII, fechada el 13 de octubre de 1525, por la que se erigió el antiguo Obispado de Tlaxcala o “Diócesis Carolense”, actual Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles.

Víctima de la sangrienta y brutal “Persecución Religiosa 1926 - 1929” que ocasiono la “Suspensión de Cultos” en toda la República, desde el 31 de julio de 1926, Mons. Vera y Zuria, como casi la totalidad de los Miembros del Venerado Episcopado Mexicano, tuvo que saborear el amargo pan del destierro, decretado por .el Gobierno Federal, residiendo en el Paso Texas, U.S.A., en compañía de su fiel amigo, el entonces Pbro. Don Alfredo Freyría y Córdova, (más tarde, ilustre Prebendado del Ven. Cabildo Angelopolitano, que falleció, en la ciudad de Puebla, el 12 de julio de 1963, siendo Dignidad Arcediano de la S. I. B. Catedral de Puebla), desde agosto de 1926 hasta fines de junio de 1929, en que, en virtud de los llamados “Arreglos” que pusieron fin al “Conflicto Religioso”, pudo regresar a su amada Arquidiócesis, habiéndosele tributado una grandiosa, cariñosa y concurridísima “Recepción” de imborrables recuerdos para los que la presenciaron, a su llegada a la ciudad de Puebla, el 30 de junio de 1929.

En la tarde del 17 de febrero de 1928, fue clausurado el “Seminario Palafoxiano” siendo intervenido por el Gobierno Federal el Edificio que desde 1918 viene ocupando, siendo encarcelados el Rector del mencionado Plantel y varios Superiores de este, y todos los Alumnos expulsados del mismo.

Estando ya residiendo nuevamente Mons. Vera y Zuria en su Arquidiócesis, a iniciativa suya y de conformidad con el “Decreto de Indicción” promulgado con fecha 31 de agosto de 1929, los días: 12, 13 y 14 de noviembre de 1929, celebró en la S. Iglesia Basílica Catedral de Puebla, el “SEGUNDO SÍNODO DIOCESANO ANGELOPOLITANO”.

Al trasladarse la Sede Episcopal de la Diócesis de Papantla a la ciudad de Teziutlán, Pue., por “Decreto de la Sagrada Congregación Consistorial, del 19 de junio de 1931 y ejecutado por Mons. Vera y Zuria el 11 de agosto de 1931, quedaron desmembradas de la Arquidiócesis de Puebla, las Foranías de Teziutlán y de Hueytamalco, dentro del Estado de Puebla.

Este Venerable Prelado participó, en unión de la casi totalidad del Venerable Episcopado Mexicano, en las grandiosas e inolvidables Solemnidades Conmemorativas del “IV Centenario Guadalupano”, celebradas del 3 al 12 de diciembre de 1931, en la I. y N. Basílica de Guadalupe, Tepeyac, CD. de MX.

Tuvo este Venerable Prelado un Obispo Auxiliar, el Excmo. y Rvmo. Sr. Dr. Don José Ignacio Márquez y Toriz, a quien S.S. Pio XI, a petición de Mons. Vera y Zuria que, a causa de sus enfermedades y achaques, necesitaba de un Colaborador para atender eficientemente las necesidades espirituales de su dilatada y laboriosa Arquidiócesis, con fecha de 25 de mayo de 1934, lo nombró Obispo Titular de Lysinia y Auxiliar de Puebla de los Ángeles y, meses después, lo nombró Arzobispo Titular de Bosphoro y Coadjutor de Puebla, con derecho a sucesión, siendo solemnemente Consagrado en la S. Iglesia Basílica Catedral Angelopolitana, el 12 de agosto de 1934, por Mons. Vera y Zuria, de quien sería su inmediato Sucesor.

De conformidad con el “Decreto de Indicción” del 1 de noviembre de 1936, los días: 13, 14 y 15 de febrero de 1937, celebro en el entonces Templo Parroquial del Sagrario Metropolitano de la ciudad de Puebla, el "Tercer Sínodo Diocesano Angelopolitano".

El 7 de junio de 1939, en la Solemnidad de Corpus, el Excmo. Sr. Vera y Zuria se dignó bendecir el magnífico Órgano Eléctrico “Hammond”, recientemente adquirido para la S. Iglesia Basílica Catedral y que aún está en servicio.

De conformidad con el Edicto del 24 de septiembre de 1939, del 8 al 12 de septiembre de 1940, celebró en la S. I. Basílica Catedral Angelopolitana, el “PRIMER CONGRESO MARIANO DIOCESANO”, como preparación para la celebración del IV Centenario Conmemorativo de la Aparición de Ntra. Sra. de Ocotlán y del maravilloso Hallazgo de su veneranda Imagen.

En la Sesión Capitular, Celebrada el 29 de octubre de 1940, se leyó una Comunicación del M. I. Sr. Secretario de la Curia, por la que, por expresa indicación del Prelado, se enviaba al Venerable Cabildo una copia fotostática del Documento Pontificio por el que S.S. Pio XII (1939-1958), se había dignado conceder el PATRONATO de la Sma. Virgen María, bajo la advocación de Ocotlán para toda la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles, con todos los privilegios y prerrogativas litúrgicas inherentes.

Del 13 al 22 de febrero de 1941, celebró con singular esplendor e inusitado fervor mariano, en especial, el día 22, el “CUARTO CENTENARIO” conmemorativo de la Aparición de Ntra. Sra. de OCOTLÁN y del maravilloso hallazgo de su Imagen, en la, entonces, insigne e histórica Colegiata, en la cumbre de le antigua colina de San Lorenzo, extramuros de la ciudad de Tlaxcala.

Del 25 de septiembre al 1 de octubre de 1942, se celebró en la ciudad de Puebla, la “Primera Semana Sacerdotal de Oración y de Estudio” de la Arquidiócesis, como homenaje de respetuoso cariño al Excmo. Sr. Obispo Coadjutor Dr. José Ignacio Márquez y Toriz, años después, Dgmo. e inmediato Sucesor de Mons. Vera y Zuria en la Sede Arquiepiscopal de Puebla), en ocasión de sus “Bodas de Plata Sacerdotales”, celebradas el 28 de octubre del mencionado año.

Del 9 al 12 de septiembre de 1943, se celebraron en la Arquidiócesis los 25 años de haberse fundado en la misma, la benemérita “Adoración Nocturna Mexicana”.

A principios del año de 1944, a iniciativa de Mons. Vera y Zuria, fundó en la ciudad de Puebla, la Primera “Escuela Apostólica” de la Arquidiócesis, para preparar intelectual y moralmente, a los niños que sintieran vocación al estado Sacerdotal, y su ingreso al Seminario.

El 22 de agosto de 1944, celebró el TERCER CENTENARIO de la Fundación del “Seminario Palafoxiano”, glorioso heredero del “Seminario de San Juan”, fundado en diciembre de 1595, por el Ilmo. Sr. Romano y Gobea, como Albacea del Pbro. Lic. Don Juan Larios.

El 3 de diciembre de 1944 se celebró en la Arquidiócesis, con entusiasta fervor, el Primer Centenario de la fundación del “Apostolado de la  Oración”.

Este insigne Prelado, Mons. Vera y Zuria, fue un fecundo y ameno escritor y un erudito literato: escribió, entre muchas Obras que sería prolijo enumerar, las siguientes son las más importantes: “Cartas a mis Seminaristas”, “Visitas al Santísimo Sacramento” (entresacadas de las Obras y escritos del Venerable Sr. Obispo de Puebla Don Juan de Palafox y Mendoza) “Cartas sobre mi Primera Visita Ad limina Apostolorum”, “Diario de la Tercera Peregrinación Nacional Guadalupana a Roma y Lourdes y de mi Segunda Visita Ad limina Apostolorum”, “Cartas sobre mi Visita a Argentina, con motivo de la celebración del XXXII Congreso Eucarístico Internacional” (celebrado en la ciudad de Buenos Aires en 1934), “Diario de mi Destierro “, “Ecos de mi terruño”, (libro de poesías), "Cancionero Cristiano”, etc.

Este insigne Prelado era de carácter bondadoso, humilde, atento y jovial, de trato accesible; su conversación era siempre amena e interesante, salpicada, en algunas ocasiones, con oportunas anécdotas y sanos chistes.

Profundo conocedor del corazón humano, sabía aprovecharse de esta hermosa cualidad, con prudencia, oportunidad y delicadeza, para volver a las almas extraviadas por el buen camino, reafirmar el fervor de las almas vacilantes en la virtud y procurar, en una palabra, la salvación de las almas.

Una de las características peculiares de este virtuoso Prelado fue su desprendimiento y su constante disposición de dar, de socorrer y de remediar, en las circunstancias que se le presentaran, las necesidades de todos aquellos que acudían a él en demanda de ayuda, los que casi nunca resultaban defraudados, ni salían de su presencia con las manos vacías.

Después de gobernar a la Arquidiócesis Angelopolitana. por espacio de 20 años 11 meses y 5 días, lleno de méritos venerado por sus virtudes, su cariñoso y abnegado celo pastoral, después de sobrellevar, con ejemplar resignación cristiana y acrisolada paciencia los achaques y molestias de una larga y penosa enfermedad, este venerable Prelado, después de recibir con conmovedora piedad, los últimos Santos Sacramentos, se durmió en el ósculo del Señor, el 28 de julio de 1945, a las 13 horas y 45 minutos del día.

Después de las solemnes “Honras fúnebres”, celebradas en la S. Iglesia Basílica Catedral, el día 29 del citado mes, su cadáver fue conducido, acompañado de una imponente y numeroso cortejo, al “Panteón Francés” de la ciudad, donde fue depositado en la “Cripta” que la Colonia Francesa de la ciudad de Puebla ha cedido sepultar a los Prelados Angelopolitanos.

El 19 de noviembre de 1953, al iniciarse la celebración del “CUARTO SÍNODO DIOCESANO ANGELOPOLITANO”, sus venerables restos, después de haber sido exhumados, el día anterior del lugar donde se encontraban depositados, fueron inhumados definitivamente en la llamada “Cripta de Obispos”, bajo el grandioso Ciprés de la S. Iglesia Basílica Catedral de Puebla, donde actualmente descansan.

Elogio: “Mitis, Infatigabilis, Pietissimus”, (“Humilde, Incansable, Piadosísimo”).