Homilía jul. 9 / 2017

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Has revelado los misterios del reino a la gente sencilla
XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 
Puebla, Pue., a 9 de julio de 2017

 

Estamos celebrando el domingo catorce del Tiempo Ordinario y el Señor nos regala una palabra que nos ayuda a crecer como verdaderos discípulos.

En la aclamación antes del evangelio escuchamos como Dios revela los misterios del reino a la gente sencilla, a los humildes. Y entonces nos hacemos una pregunta fundamental, ¿Qué es la humildad?

La humildad, se dice, es hacerle honor a la verdad, es decir, saber conocernos cada vez más en profundidad y poder reconocer nuestros alcances y nuestros límites. Ser humildes no es pensar que no tenemos ningún valor, sino reconocer nuestro auténtico valor, como personas y como hijos de Dios.

De ahí que sólo los humildes de corazón puedan encontrar alivio en el Señor, pues quien no es capaz de reconocer sus propios límites vivirá siempre con el peso de querer lograr todo con sus solas fuerzas. Esta es, por decirlo de algún modo, la medicina que el Señor nos ofrece para el llamado mal de nuestro tiempo, es decir, para quienes tienden a vivir constantemente estresados, angustiados.

Quien ha aprendido a conocerse y por lo tanto es capaz de reconocer sus alcances y sus límites, ése es también capaz de reconocer que no puede, es más, que no debe tener todo bajo control, que siempre habrá cosas que superarán nuestras fuerzas y que por más empeño que pongamos en las cosas, algo que debemos tratar de hacer siempre, no todo puede resultar tal como lo planeamos, pues siempre habrá a nuestro alrededor circunstancias que de alguna manera pueden influir en nuestras acciones.

Ahora bien, quien ha aprendido a conocer sus alcances y sus límites, ése es capaz de confiar y abandonarse en la providencia divina, esto es humildad, es decir la capacidad de saber abandonarse en Dios, como un niño que reposa en los brazos de su madre. De esta manera podemos comprender la expresión de Jesús en el evangelio de hoy, “gracias, Padre, porque los misterios del reino los has revelado a la gente sencilla”, es decir, a los que no tienen la pretensión de querer controlarlo todo, de querer lograr todo a base de sus propios esfuerzos, a quienes se han hecho como niños que tienen la seguridad puesta en que sus padres vendrán siempre en su ayuda.

Si muchas veces hemos pensado que nuestra carga es mucha y que es imposible de llevar, hoy el Señor nos invita a ser humildes para poder descansar en Él, pues si muchas veces no somos capaces de reposar en Dios es a causa de nuestro orgullo, que nos impide reconocer nuestros límites.

Comparto finalmente la experiencia de una santa a quien Dios le ha concedido ser testimonio de humildad, me refiero a santa Teresa del Niño Jesús. Una mujer que desde la sencillez de su vida en un claustro ha ayudado a tantos a través del “pequeño camino”, es decir, a través del ejemplo de quien se hace pequeño como niño capaz de abandonarse siempre en Dios. No se trata de no poner nuestro mejor esfuerzo en lo que hagamos, sino de hacer lo que nos corresponde, confiando siempre en que será el Señor el que llevará todas nuestras obras a buen término.

Que el Señor nos conceda un corazón manso y humilde, para poder encontrar en Él nuestro descanso.

Pbro. Carlos Gasca Castillo

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